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EL EDUCADOR SIGLO XXI

HACER LA TAREA EN CASA


Cuando se hace referencia a la educación, por lo general se piensa en resultados, evaluaciones y calificaciones y si se trata de calidad entonces se señala a los docentes como responsables de que nuestra educación sea más o menos buena o más o menos mala. Si se mira el contexto internacional como un referente los resultados de los estudiantes colombianos dejan mucho que desear. Cuando se publican resultados de las pruebas de estado, por lo general barnizados para cumplir metas impuestas por agencias extranjeras, los comentarios adversos caen a granel. Pero en el orden familiar, al padre de familia solo le interesa si su hijo ganó o perdió el año. 

Pero la educación es algo más que resultados: las pruebas, evaluaciones, notas, calificaciones, aprobado, reprobados, no dicen nada, no tienen la verdad absoluta. Son datos que no revelan el verdadero horizonte de la educación colombiana, y a la larga, de ningún país. Educación es algo más que un aula, más que los predios de una institución educativa, más que el currículo con sus materias, calendarios, horarios, asignación académica y los docentes.

Los verdaderos resultados de la educación se evidencian en la calidad de ciudadanos, padres de familia, profesionales, empleados y operarios que andan por las calles, pueblan las oficinas y habitan los hogares. De esa educación existen unos responsables y se ha dicho, no una sino mil veces, siendo además un hecho pródigamente investigado: el entorno familiar y social en los que crecen los niños y los jóvenes son los componentes que determinan la calidad de la educación.

Basil Bernstein[1], preocupado por el fracaso de las estudiantes provenientes de las clases trabajadoras, estableció que la relación que existe entre el sistema educativo y la estructura de la sociedad, profundiza las diferencias sociales, de allí que los resultados académicos de los niños y jóvenes se relacionan más con su situación socioeconómica que con lo que aprenden en la escuela. Ese es el origen de la diferencia en los resultados entre los estudiantes de nivel socioeconómico más bajo y los de nivel más alto.

En Colombia, de 8760 horas que tiene un año, un estudiante de bachillerato pasa el 14% de su tiempo, esto es, 1200 horas en el colegio[2]. ¿Y el 86% restante de las horas, con quien lo comparten? Interactúan con los padres, amigos y comunidad, es decir, más tiempo que con sus docentes. Esto obliga a establecer un puente entre la educación con la comunidad y la familia.

Los establecimientos educativos no pueden ser organizaciones de puertas cerradas, el dialogo entre padres docentes, directivos y estudiantes deben ser amplio, permanente, sincero, no hegemónico, sin posiciones dominantes. Los padres tienen derecho a saber qué pasa al interior de cada aula, a conocer cómo, de qué manera y con quién se relacionan sus hijos. De esta manera, afirma el investigador estadounidense, el aprendizaje será un proceso para toda la vida y se tendrán mejores estudiantes.

Cuando el país tenga mejores estudiantes, tendremos también mejores ciudadanos, porque las normas y las formas de convivir se aprenden en casa y en comunidad. Pero ¿cómo podemos pedirle a un niño que sea buen estudiante y comience a ser buen ciudadano y mejor persona, si la violencia, el desorden, el caos y la anarquía circulan en la calle, en la comunidad?  ¿Cómo exigirle que no tenga problemas de convivencia y comportamiento en el colegio, si ese es su diario vivir? La violencia colombiana ha dejado más de seis millones de víctimas, de ellas dos millones son menores de edad. Son niños y jóvenes que viven bajo el terror, que no reciben educación de calidad, que viven en zonas aisladas, donde los ataques, las tomas y las amenazas, por lo general, obligan a abandonar su tierra.

En relación con la sana convivencia y los valores, una buena formación en el hogar fortalece la autoestima de los niños, un niño amado, que se siente valioso y protegido, es un niño que se reconoce como persona, construye su identidad, sentido de pertenencia y vive muy motivado, y estos factores favorecen el aprendizaje. Así que la formación en valores es tarea del hogar. Los valore son los pilares que sostienen el carácter y la personalidad de los individuos.

Entonces que no recaiga toda la culpa sobre las instituciones educativas, porque el compromiso es de todos.  La educación es obligación de todos. Se necesita un tejido social sano, que cobije y fortalezca a la escuela, la sociedad, la familia.  

Hoy cuando el teletrabajo está a la orden del día, a los padres de familia les corresponde ajustar sus horarios para pasar más tiempo con sus hijos. Todo colombiano que pueda darle tiempo de calidad a su familia, seguramente estará más motivado, será más productivo y tendrá una familia sana. A su vez, si tiene más tiempo para sus hijos, ellos mejoran como estudiantes, serán mejores personas, mejores ciudadanos, serán mejores profesionales… y todos ganamos.


[1] Bernstein, B. (1996) “El dispositivo pedagógico”, en Pedagogía, control simbólico e identidad. Madrid: Morata. P. 55

[2] Ley 115 de 1984 art. 85

Acerca de Ciro A. García I. (maestro ciro)

DOCENTE ESPECIALISTA EN PEDAGOGÍA. LARGA EXPERIENCIA DOCENTE Y ADMINISTRATIVA. CONVENCIDO QUE LA EDUCACION APORTA AL DESARROLLO HUMANO PARA ROMPER LAS BARRERAS DE LA INEQUIDAD Y LA EXCLUSION

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